1972, Saignon. Julio Cortázar recibe las galeradas de Libro de Manuel, una novela que el escritor sabe que podría defraudar a muchos de sus lectores, no por su experimentación estética, a la que están costumbrados, sino porque quiere incidir en el estado de las cosas. La denuncia, claro, no será nunca un panfleto en manos del argentino, pero los interrogantes acechan, incluso, a un creador con un discurso propio y un talento admirado y admirable. Por ello, armado con latas de conserva, cigarrillos y vino tinto, se refugia en una camioneta Volkswagen, a la que llamará Fafner, como el dragón de Wagner, para corregir potenciales erratas e imprecisiones y, al mismo tiempo, armar un texto paralelo donde reflexiona sobre su literatura y su responsabilidad social como autor.






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