jueves, 22 de octubre de 2015

Julio Cortázar y la metaliteratura


 Cortázar por CortázarEl Cortázar mágico, el Cortázar fantástico, el Cortázar surrealista sin manifiestos ni ortodoxias. El Cortázar comprometido, el Cortázar solidario, el Cortázar que levanta su máquina de escribir para disparar contra los tiranos y los déspotas. ¿Son, ciertamente, dos escritores diferentes y diferenciados? ¿El argentino renuncia a la ficción cuando quiere hablar de la injusticia y la realidad? 
1972, Saignon. Julio Cortázar recibe las galeradas de Libro de Manuel, una novela que el escritor sabe que podría defraudar a muchos de sus lectores, no por su experimentación estética, a la que están costumbrados, sino porque quiere incidir en el estado de las cosas. La denuncia, claro, no será nunca un panfleto en manos del argentino, pero los interrogantes acechan, incluso, a un creador con un discurso propio y un talento admirado y admirable. Por ello, armado con latas de conserva, cigarrillos y vino tinto, se refugia en una camioneta Volkswagen, a la que llamará Fafner, como el dragón de Wagner, para corregir potenciales erratas e imprecisiones y, al mismo tiempo, armar un texto paralelo donde reflexiona sobre su literatura y su responsabilidad social como autor.

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