MEJORES
POEMAS DE JULIO CORTÁZAR
A una mujer
No hay que llorar
porque las plantas crecen en tu balcón, no
hay que estar triste
si una vez más la rubia
carrera de las nubes te reitera lo
inmóvil,
ese permanecer en tanta
fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su
inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por
qué nombrar el polvo y
la ceniza.
Sí, nos equivocábamos
creyendo que el paso por el día
era lo efímero, el agua
que resbala por las hojas hasta
hundirse en la tierra.
Sólo dura la efímero,
esa estúpida planta que ignora la
tortuga,
esa blanda tortuga que
tantea en la eternidad con ojos
huecos,
y el sonido sin música,
la palabra sin canto, la cópula sin
grito de agonía,
las torres del maíz,
los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a
una conciencia que es el tiempo,
no nos movemos del
terror y la delicia,
y sus verdugos
delicadamente nos arrancan los párpados
para dejarnos ver sin
tregua cómo crecen las plantas del
balcón,
cómo corren las nubes
al futuro.
¿Qué quiere decir esto?
Nada, una taza de té.
No hay drama en el
murmullo, y tú eres la silueta de papel
que las tijeras van
salvando de lo informe: oh vanidad de
creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es
el hueco que queda en el papel,
el golem que nos sigue
sollozando en sueños y en olvido.
Resumen de otoño En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del recuerdo. Asombra a veces que el fervor del tiempo vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva; que la belleza, tan breve en su violento amor nos guarde un eco en el descenso de la noche. Y así, qué más que estarse con los brazos caídos, el corazón amontonado y ese sabor de polvo que fue rosa o camino. El vuelo excede el ala. Sin humildad, saber que esto que resta fue ganado a la sombra por obra de silencio; que la rama en la mano, que la lágrima oscura son heredad, el hombre con su historia, la lámpara que alumbra.
Para leer en forma interrogativa
Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.






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